De bitácoras, madrigueras y ciberespacio — 2ª parte

D.F. Torrents, 2010


Para complementar la nota de la Primera Parte de estas Ficciones, hay que advertir que la letra de Romance de mi destino se le ha atribuído erróneamente al cantante ecuatoriano Julio Jaramillo, siendo en realidad de autoría de su compatriota Abel Romeo Castillo Martiz (Guayaquil, 1904 - 1996).
Movido por Ramón Menéndez Pidal, que en contraposición al afrancesamiento del modernismo que ya decaía en España, resaltaba el nacionalismo y la belleza de los antiguos romances castellanos y del nuevo romance octosílabo de rima aconsonantada a base de metáforas e imágenes literarias, Castillo Martiz se dio a la tarea de componer sus poemas y romances con esta métrica. En Madrid, lo hizo con la nostalgia que sentía por su ciudad natal, tratando motivos antiguos y modernos, de temas y arquetipos guayaquileños. De sus poemarios que incluyen versos de alta calidad literaria y gran inspiración, se destacan Romance Criollo de la Niña Guayaquileña y el revolucionario e independista Hazaña y Timbre del 9 de Octubre.
No se sabe con certeza si su Romance de mi destino lo terminó en Barcelona en 1933 o en Chile, en 1936. Lo cierto es que en 1940 lo musicalizó y popularizó Gonzalo Vera Santos, cantante ecuatoriano.

Todo lo que quise yo,
tuve que dejarlo lejos,
siempre tengo que escaparme
y abandonar lo que quiero.

Yo soy el buque fantasma
que no puede anclar en puerto,
ando buscando refugios
en retratos y en espejos,
en cartas apolilladas
y en perfumados recuerdos.

Por más que estire las manos,
nunca te alcanzo lucero

jugo de amargos adioses,
es mi vaso predilecto,
yo me bebo a tragos largos
mi pócima de recuerdos
y me embriago en lejanías
para acariciar mis sueños.

Nadie sabe como yo
el lenguaje de los pañuelos
agitándose en los muelles
sacudiendo el aire trémulo...
nadie como yo nació
con destino marinero
la única flor que conozco
es la rosa de los vientos...




Me reacomodé en la hamaca pues la clara invitación a seguir jugando que hizo ella con ese ¿Barajamos?, auguraba que las cosas se iban a poner movidas. “Imposible que no acepte el reto...”, pensé observando cómo el puntero del mouse se dirigía —casi que con vida propia, independiente de mi voluntad— a abrir el siguiente correo.

miércoles, 14 de julio de 2010 06:23:50 a.m.
Francamente nuestro amigo me tiene preocupado. No hace sino decir incoherencias acerca de estar tomando café en la más deliciosa compañía, con la mirada perdida en el horizonte confuso del mar.

Y lo hace mientras baraja un naipe; saca grupos de a cinco cartas, las coloca boca abajo y las va destapando con mano temblorosa; cada vez que termina de destapar un grupo, da un puñetazo de impotencia sobre la mesa. Discretamente observo los grupos de cartas destapadas: la mejor combinación que siempre obtuvo... ¡un par de doces! O dos de corazón, acompañado del dos de picas o bien, dos de diamantes con un mísero dos de tréboles. Nada más. Salí para ver el noticiero y, al rato, oí que dejó de barajar y se fue a la cama.
Cuando regresé al despacho, vi en el cenicero, medio chamuscada, una cuartilla garrapateada al parecer con impaciencia, pues en veces, los rasgos era casi ilegibles. Porque sé que tú eres la única en este mundo capaz de salvarlo (cosa que se merece), te transcribo lo escrito...

No había nada escrito. O lo borró después de escribirlo o se arrepintió de enviarlo. “¡Maldita sea!, esto tiene muchos detalles, pero a veces demasiados vacíos...”. Me iba formando una idea de las personalidades de esta pareja virtual, pero tenía que extrapolar algunas cosas... Esperé que hubiese más continuidad para tener una idea cabal del asunto y proseguí la lectura.
Asumo que este lo envió ella, pues estaba en la carpeta de la Bandeja de Entrada:

viernes, 23 de julio de 2010 03:08:10 p.m.
Definitivamente, amo el lóbulo morboso de tú cerebro

Y este otro también, sin ninguno de él en el lapso entre ambos:

sábado, 24 de julio de 2010 01:34:12 p.m.
Te quiero contar un secreto de mi alma:
Se atravesó en mi vida un hombre, un navegante, un capitán capaz de embarcarme en una aventura donde no hacen falta marineros, porque se basta para dirigir la nave en un oleaje de sentimientos que levantó en mi mar en calma.
Tiene la capacidad de sorprenderme con sus ocurrencias, hacerme estallar en risas que me llevan hasta las lágrimas, provocarme tsunamis de placer con sus palabras y mantener alertas mis sentidos. ¿Y sabes que es lo más curioso? que ni me ha rozado con su piel, ni me ha tocado con sus labios.
Debe ser un nauta  capaz de sobrellevar las peores tormentas con la ecuanimidad que requiere un  avezado tripulante, porque soporta mis marejadas sin perder el rumbo.
Me ha dicho que tiene en orden sus cartas de navegación y sé que sabe cuál es su horizonte.
Sigue en puerto porque su fragata aún está en construcción, pero estoy segura que el día que zarpe, me habré embarcado en un viaje sin regreso; el destino final promete ser un remanso de paz. No veo riesgos de encallar pues ha puesto en sus instrumentos de navegación el mayor empeño. Quiero aprender a navegar con él y ser capaz de tomar el timón para darle un respiro en la difícil labor de reemprender el viaje. Quiero echar el ancla por la borda y que esa fragata que él con tanta dedicación construyó, quede en aguas tranquilas para contemplarla desde una playa de arenas suaves y palmeras que nos den sombra cuando el sol sea implacable.
Quiero que en su bitácora siempre haya reportes de buen viento y buena mar para que ya en tierra firme y pasado el tiempo, sonría y piense que ese viaje ha sido el mejor de su vida. Quiero ser su horizonte final.
Guárdame este secreto por favor. Algún día lo pondremos en una botella para que el mar lo lleve a playas lejanas donde quien lo lea, se sienta envidioso de la suerte que tuve cuando ese capitán se atravesó en mi camino.
Por ahora solo me queda enviarle a mi marinero un beso con todo el amor que día a día él alimenta.

Me serví otro Bloody Mary y volví a la hamaca. Esperaba que la respuesta estuviera a la altura. Se demoró bastante en responder, pero en su momento, estimé que bien valió la pena la demora: me permitió conocer otra faceta del carácter del marino desaparecido:

sábado, 24 de julio de 2010 11:48:07 p.m.
También te pido que me guardes un secreto (y no lo arrojaremos al mar, pues no quiero compartirlo sino contigo):
Tus palabras son como un bálsamo que sana todas las heridas que la vida inflige, que restaña los raspones del alma y cicatriza las grietas del corazón. ¡Bendita tú!, que tienes el poder curativo con sólo sonreír, reír estruendosamente, mirar o escribir. ¡Bendita tú!, por ser tú y estar aquí.
El secreto que te pido guardar es que, al acariciar mi alma con tus palabras, lograste que volviera a sentir el sabor salado —como agua del mar que navegaremos— de mis lágrimas. ¡Hacía tanto tiempo no veía el mundo a través del lente móvil y acuoso de mis lágrimas! Sentirlas y saborearlas me dicen que estoy más vivo que nunca, gracias a tí...
Esto tampoco lo puedes divulgar: son lágrimas de felicidad. ¡Afortunado yo!

miércoles, 28 de julio de 2010 02:19:37 a.m.
Debo ser yo la  equivocada, pero no, nunca voy a entender a aquellos que dicen que la felicidad no existe. Entiendo que es un estado emocional al que se llega cuando se cumplen las expectativas que cada quien tiene, pero no parecen llenarlas porque cuando las logran, ya tienen en la mira otras más altas.
Para algunos, la felicidad consiste en poseer “cosas”, a veces tantas, que pienso que no disponen del tiempo para disfrutarlas. Para otros, parece estar en ocupar altos cargos en su profesión y lograr grandes éxitos en su vida laboral sin importar a qué costo. Se dejan de lado los afectos, los amigos, se resta importancia a las personas que se aman y con estas prioridades no queda tiempo para saborear el triunfo, porque las responsabilidades y los compromisos laborales no lo permiten.
He conocido a aquellos que piensan que el dinero, mucho dinero, es la felicidad. Y ponen su mayor empeño en conseguirlo. Pero también he visto que no les permite ser felices. Con él llegan la insatisfacción, el hastío, la prepotencia, la ambición y otras infelicidades que sólo sufren los seres humanos cuando tienen más de lo  necesario.
Ser famoso, moverse en los más altos círculos sociales, “estar en todo”, ser el más elegante, el más viajado,  “ser alguien” para otros, estar in. Qué vana felicidad la que produce todo esto, porque en lo  más intimo, sabes que no llena vacíos, no alimenta el alma, no permite crecer, no cumple los objetivos de la vida. Sólo es una ficción donde te pones la máscara que quieres mostrar a los demás.
Si yo estoy equivocada, prefiero morir en el error. YO SOY FELIZ. No tengo bienes materiales. Mis posesiones se limitan a mi vida, mis pensamientos, mi pasión por mi trabajo, la libertad para reírme, la alegría que me producen cosas tan simples como el sol en la cara, la algarabía de las guacamayas en el vecindario, un café en la mañana, las irreverencias de Nacho el gato, estar en la cocina trabajando, el aroma del cilantro y la vainilla, oír la canción que me gusta, caminar descalza, superar los inconvenientes y celebrar mis logros.
Pero los ingredientes más importantes de mi felicidad son el amor que siento por mí misma y por aquellos que están en mi corazón. Mis hijos con sus dichas y desdichas, con sus éxitos y su lucha para corregir sus errores y tropiezos, mi familia, mis amigos.
Y mi más reciente y preciado bien, que me llena de risas los ojos, de alegría el alma, de amor el corazón, de pasiones mis sentidos, de sensualidad mi condición de mujer. Adquirido por las casualidades del destino pues no lo busqué, no estaba en mis planes inmediatos, no lo anhelaba. Pero el Universo me dio la oportunidad de poseerlo. Ese bien, es la fortuna de ocupar un lugar en el corazón de un gran hombre. No tengo documentos que me acrediten como propietaria, no los quiero y no los necesito. No consiste en que sea mio, consiste en que me permita estar con él y disfrutarlo cada hoy.
Iría contra todos mis principios si dijera que no soy feliz. La felicidad está en cada instante de mi vida. Cuando respiro, cuando late mi corazón, cuando abro los ojos por la mañana y los cierro por la noche. Cuando transcurre mi día con sus afanes, cuando te puedo querer cada minuto de cada hora de mis 24 horas.
Te amo

Me quedé mirando al horizonte, repasando la sabiduría que acababa de leer. Me hizo reflexionar sobre mi propia vida y me pesqué malhumorado por lo que encontraba dentro de mí... Al rato, seguí leyendo. No había nada de él, por lo que asumo que algún temor debió manifestar en un chat, no por correo. Ella seguía trasnochando para enviar sus contundentes certidumbres:

sábado, 31 de julio de 2010 03:05:24 a.m.
RE: Conclusiones después de un amago de tormenta
En este viaje, mis primeras lecciones de vida formaron mi carácter para bien o para mal. Me convirtieron en una mujer más práctica, que soñadora y romántica. Si examino los actos de ese transcurrir, puedo decirme que, o he estado muy segura de lo que he hecho, o soy una irracional incorregible. Pero de lo que no me cabe duda, es que nunca he sentido temor ante mis decisiones tomadas, erradas o no. He tratado de ser consecuente con mis actos, enfrentarlos o defenderlos, modificarlos cuando entendía mi error o seguir para adelante cuando me parecían acertados y llegar hasta mi meta trazada. Soy capaz de cambiar de parecer cuando, con argumentos valederos, alguien me ha dicho que ese no es el camino a seguir. Pero jamás, por temor, he abandonado mi camino.
Afortunadamente nunca fui una “princesa”, creo que la vida me estaba preparando para pruebas en las que necesitaba tener coraje y hacer uso de toda mi fortaleza para superarlas. Agradezco hoy la rudeza de mi juventud y las piedras del camino en las que me tropecé más de una vez, porque cuando fue necesario me permitieron identificarlas y sortearlas en los momentos posteriores más críticos.
Aún hoy, con lo amable que es la vida conmigo, sigo siendo práctica, sigo teniendo los pies en tierra y andando mi camino con la seguridad de siempre. Aprendí, aprendo y seguiré aprendiendo que no me merezco nada sólo porque sí, que tengo que luchar por las cosas que quiero y necesito y que no puedo cejar en mi empeño porque nada me llegará por derecho.
La vida fuera de palacios me permite tener una visión más o menos clara de la realidad. Sé por ejemplo que los príncipes no son azules, que son hombres de carne y hueso y sangre roja como la mía. Que tienen cualidades maravillosas y grandes defectos como yo. Que todo está en que cuando aparece el que “encaja”, aunque no lo estuviera buscando, el que tenga empatía conmigo, ése que no espera que yo sea una mujer perfecta, que me acepta como soy, ése es el verdadero príncipe. No importa su edad, su condición social, su raza o su cruzada en la vida.
A medida que le he ido sumando años a mi almanaque le he restado importancia a las banalidades de la vida. Ahora sé que lo más importante es que sea rica en valores, que mi bolsillo esté lleno de afectos por personas valiosas, que la moneda más cotizada es la de la honestidad conmigo misma y mi transparencia para los demás es un cheque en blanco.
Con esa tal vez pobre experiencia, me precio de no equivocarme con las personas. Cuando una persona me llega es porque le aportará a mi vida, aunque suene egoísta, cosas valiosas.
Tú no llegaste a mi vida por casualidad. Estabas en la lista de mis necesidades para el viaje y eres parte muy importante de mi equipaje. Solo hay dos razones valederas para sacarte de mi mochila: que yo no sea la persona que tú buscas, o que después de compartir tiempo juntos, nos demos cuenta que no “podemos ser”. No quiere decir que te esté presionando ni que me empeñe en algo que para tí seria inconveniente. Solo quiero que sepas que no me convencen tus argumentos de ayer, para abandonar lo más lindo que tengo en este momento. Lo siento pero tú temor no es el mio. Ya te dije que si dudara, si me preocupara tú preocupación, no habría dejado avanzar esto que siento ahora por tí hasta este punto donde me costará mucho trabajo reversar si fuera necesario. Mi decisión de “liarme” contigo fue completamente madura.
Analicé todas las posibilidades antes de permitirme tener algo más profundo contigo. Le di largas a un encuentro personal tratando de conocerte mejor y madurar mis sentimientos y ahora puedo decirte que me deslumbró tu inteligencia, tu alma, me enamoré del hombre, del ser humano que encontré en tí. Para mí no tienes edad ninguna ni me atemoriza el futuro. Mi futuro es ya, en él estoy. La vida me dio la oportunidad de conocerte y amarte y me da pena con ella desaprovecharla. De pronto no me la vuelve a dar. Ella no le puso peros a esa oportunidad, solo me dijo: “ Ahí la tienes, mira a ver qué haces con ella” y dentro de todo lo que a veces a duros golpes he aprendido, sé que no se deben dejar pasar las cosas maravillosas esperando a ver qué más llega. En este viaje como en todos, hay que comprar las cosas que nos gustan cuando se encuentran porque puede que nunca las vuelvas a ver, o tengan un mayor costo, o no sean de igual calidad.
Lo siento, pero mis sentimientos no aceptan razonamientos etéreos. Si tienes otros más reales, más tangibles, que puedan convencer a mi parte sensorial del cerebro, te los aceptaré a sabiendas de que será contra mi voluntad, pero sabré respetar tú decisión. Mientras tanto OLVÍDATE de hacerme cambiar de idea. Toda yo, hasta el tuétano, estoy enamorada de tí. Si te sientes como encartado, yo me hago a un lado de tú camino, pero no pretendas que esto salga con “copao”. Te amo sin remedio.
Un beso

¿Y es que el pendejo piensa echarse para atrás?”, me alarmé, poniéndome de parte de ella. No me explicaba cómo alguien podría resistirse a esta mujer enamorada... Me hizo reír la última frase: no pretendas que esto salga con copao. Claramente se veía su origen antioqueño. Para ellos el Rubbing Compound, esa pasta que se utiliza para sacar pequeños rasguños de la pintura de los autos, degeneró en simplemente copao... Al seguir leyendo, me tranquilicé.

domingo, 01 de agosto de 2010 07:45:29 a.m.
RE: ANOTACIÓN EN LA BITÁCORA
El tiempo nunca ha estado más calmo y bonancible en todos los años que llevo navegando. Tal vez estuviste expuesta mucho tiempo al bombardeo incesante de sensaciones y resolución de incógnitas y simplemente confundiste unos nubarrones distantes con un amago de tormenta.

Lo cual no quiere decir que estos fenómenos no se puedan presentar: no soy el guardián ni el amo del clima ni de los acontecimientos. Sólo trato de enfilar la proa de esta fragata que es mi vida para hacer frente a las olas. El hecho de que esté ojo avizor para evitar un golpe de marejada que embista mi nave de costado, haciéndola escorar —o peor aún, naufragar—, no quiere decir que renuncie a navegar, aún en la más encrespada mar.
Anotaste en la bitácora que “no me convencen tus argumentos de ayer, para abandonar lo más lindo que tengo en este momento”. Anotación que tal vez obedeció a una mala interpretación, sólo por el hecho de haberte pedido que fueras consciente de nuestra diferencia de edades, a estas alturas del viaje. ¡Nada más! Mi deber como capitán es advertir a quienes se embarquen, de los posibles peligros (quizás sólo riesgos). ¡Nada más!
¿Abandonar la nave? ¡Jamás! Si es el caso —¡no lo permita Neptuno!— me hundiré con ella, aferrado a tí, timón de mi nueva existencia...
¡Que se zambullan las ratas tratando de salvar sus míseras existencias! Pero yo no. Estaré ahí, firme, pues sé que no podrá presentarse otra vez esa hipotética ficción de que no podamos ser... El tiempo de culminar nuestros fallidos encuentros a través de los eones ha llegado a su fin: el Cosmos, (¡por fin!), nos reúne nuevamente para, entre los dos, llevar nuestra fragata en busca de un horizonte tras otro sin atracar en puerto alguno, pues la plenitud no la encontraremos en tierra firme: la llevamos a bordo, pues a bordo está el ser amado. ¿Que abandones la nave? ¡Jamás te lo pediría! Me dejarías inerme frente a la inmensidad ondulante, sin gobierno, navegando un navío fantasma a merced de quimeras y cantos de sirena... Y entonces, ¿quién inundará de amor tu pecho y el mío? ¿Quién alegrará a tu alma y a la mía? Ése milagro sólo lo haremos entre los dos.
Te amo más que a mi propia vida.
ANOTACIÓN AL MARGEN DE LA BITÁCORA
¿Sabes qué? Me siento estúpido por haber permitido que mis palabras, en algún momento, te llevaran a expresar: “Si te sientes como encartado, yo me hago a un lado de tu camino (...) ”. La única encartada en que estaba era la que tenía con las cartas de marear: borrando antiguos rumbos, trazando nuevos, corrigiendo unos aquí y otros allá, sondeando bajíos y escollos, renombrando los puntos cardinales hasta obtener la perfecta Rosa de los Vientos para navegar sin aulagas... ¡Vana pretensión! He descubierto, gracias a tí vida mía, que sólo hay que ir tras el horizonte, sin cartas ni rumbos que por lo ciertos siempre serán inciertos. ¡Buen viento y buena mar, para nosotros!
ANOTACIÓN ADICIONAL
Latitud 360°, Longitud 360°, Hora 18:47 
En este sitio y hora, se asciende al cargo de Princesa a la 1ª oficial de a bordo

Otro estentóreo “¡Yes!” no espantó a ningún vecino, pues ya era noche cerrada. Me dí cuenta que había pasado casi todo el día sólo con licor, pero pospuse calmar el hambre que gritaba mi estómago ya que ahora era más urgente satisfacer mi mente, no sólo por la curiosidad que no había disminuido, sino porque yo —fisgón y entrometido—, me había apropiado de la historia y del cortejo de la pareja desconocida. Aquí, aparentemente también faltó algo:

miércoles, 04 de agosto de 2010 11:59:06 a.m.
¡Que manera de abrazarme!
Tienes ese poder maravilloso de alegrarme con tus alegrías, de hacerme reír con tus emociones y hacerme llegar hasta las lágrimas de reírme. Me hiciste partícipe de una sobremesa en la que no me sentí como una intrusa, a pesar de no tener el placer de conocer a quienes han compartido tú vida con sus dichas y tristezas.
Mi café también se enfrió mientras te oía leernos el alma. Lograste que se iluminaran mis ojos, cuando con picardía, contabas a tus seres queridos lo que tú y yo hemos encontrado en esta etapa de nuestras vidas. A veces me pareces tan irreal, que me preocupa despertar y encontrar con que todo no fue más que el SUEÑO  de mi vida.
Desde que tengo conciencia de género, he conocido hombres (no muchos) y Tú. No había tenido la suerte de estar cerca del corazón de uno que, valga la salvedad de nuevo, sin haberlo tocado aún, me despierte TODAS aquellas razones genéticas por las cuales se es mujer y sobra decirte todo lo que eso implica. Has logrado entrar de lleno a mi esencia femenina. La has inundado de sensaciones que me llenan de razones para vivir plenamente. Cambiaste el rumbo de mi vida y me moviste el piso de lo que yo creía era mi tierra firme. Ahora estoy agarrada a tí con todo lo que mi corazón es capaz de dar y navego en tu fragata a merced de las olas, confiada en tus decisiones como capitán.
Tú me ascendiste a Princesa y así me haces sentir, pero tienes que entender que ese título hay que digerirlo y aprender el protocolo correspondiente. Encontrarás a veces que mi comportamiento no es el debido y que seguiré teniendo rastros de grumete. Permíteme tenerlos mientras todo mi yo sea capaz de cambiarlos de forma permanente. Pensar que tengo que valerme por mí misma es algo que tengo tan arraigado, que podrá parecerte a veces que soy una auto suficiente insoportable, pero quiero aprender a vivir y a contar contigo. Quiero que seas mi soporte y que un abrazo tuyo sea el mejor alivio para mis inquietudes. Quiero compartir mi vida contigo y ser para tí una razón más para vivir. Tú ya eres la mía.
Te quiero con todo mi ser

Definitivamente estaba atrapado por la prosa que expresaba los más íntimos sentimientos de esa pareja fantasmal... A ratos, algún chispazo de duda pasaba por mi cerebro, pues tanta entrega, tanta coordinación de las almas, tanto el ser el uno para el otro no podían ser del todo reales. Me preguntaba si no era un juego de un solo escritor, que hacía las veces de él y luego de ella y estuviera escribiendo una obra de ficción.
También me llamó la atención que hubo un lapso prolongado de silencios. El “Cuando atracó...” y otros detalles del siguiente correo, podría interpretarlos como que se encontraron en el interregno entre esas fechas.

lunes, 16 de agosto de 2010 10:07:23 p.m.
Cuando atracó, no lo sentí extraño, fue como si ya hubiese estado antes en este puerto y conociera a la perfección todas las maniobras de aproximación. Había esperado tranquilo en las radas mientras el puerto le dio vía libre para atracar y llegar finalmente a la dársena donde permanece mientras es hora de hacerse nuevamente a la mar.
Al poner mi mano en la transparencia del vidrio, su respuesta fue inmediata. En ese momento y a pesar de esa dura y rígida superficie, lo encontré. Lo sentí tan cercano a mi que presentí que no había tropiezo ninguno para seguir juntos el camino. En ese mismo instante supe que no me había equivocado en mi apreciación, que a mi vida había llegado un gran hombre con quién quiero seguir hasta el final de mi camino.
Los cuatro galones dorados y el escudo de laurel de su uniforme, lo distinguen como capitán del más alto rango reconociéndole con ellos su gran calidad humana, su inteligencia, su capacidad de amar, su calidez, la caballerosidad, el trato dulce y amoroso, su integridad como hombre, la transparencia de su mirada, el respeto y delicadeza en su trato, su entrega, su generosidad, su sencillez, su espíritu.
Difícilmente arribaría otro capitán con tantas y tan grandes distinciones a este puerto.
Voy soltando amarras para emprender la mejor travesía de mi vida. La poca aprensión que me quedaba respecto a quién comanda la nave se ha disipado por completo, superó en mucho las expectativas que tenia en cuanto a su experiencia y capacidades de navegación.
Voy haciendo mi equipaje para embarcarme con él. Me ha dicho que no lleve demasiadas cosas, que el viaje no requiere de un menaje muy voluminoso, que le basta con mi alegría, mi risa, mi modo de ser un poco salido de parámetros establecidos, mi carácter a veces alocado y la forma como encaro la vida. Pero yo no puedo dejar de embalar el gran amor que siento por él  y me temo ocupará gran parte de las bodegas de la embarcación. Habrá que dejar atrás algunas cosas materiales y otras que creía necesarias para vivir, porque no voy a renunciar a llenar ese cupo con mis sentimientos hacia él que sé con certeza, superan la capacidad de carga del navío.
Cuando me toma en sus brazos, no hay tormenta capaz de amedrentarme. Cuando me besa, la marea sube y se transforma en olas capaces de arrasar todo a su paso y cuando me dice al oído que me quiere, esas olas se transforman en tsunamis que lavan todo lo anteriormente conocido, para mostrarme un paisaje insuperable de un amor incondicional, tranquilo, libre y respetuoso del derecho a ser, a pensar, a actuar.
Cuando atracó, lo pensé como alguien que llega de un larguísimo viaje y ahora que volvió a zarpar, lo siento como alguien que marcha a un viaje del que regresará tan pronto, que es mejor tenerle la cena servida.
Creía tener un concepto más o menos claro de lo que es AMAR, pero después de conocerlo y sentirlo, entiendo que amar es querer permanecer al lado de alguien con quien la vida se llena al punto de que lo que te rodea, pierde importancia y sólo ves el camino a través de sus ojos. Entiendo ahora que lo quiero profundamente porque no me tengo que inventar para él, no me quiere como él quiere, me quiere como soy y con esa tranquilidad me entrego totalmente para quererlo. No me desgasto en tratar, me nutro en amarlo. Lo quiero tal cual, sin cambios. Me encanta su sonrisa seria cuando reviento en carcajadas, su mirada lejana y pensativa mientras lo miro de contrabando, sus silencios, sus caricias y abrazos suaves pero firmes, sus besos medidos y su paciencia ante mi impaciencia. Amo su ecuanimidad y su capacidad de análisis, su callada manera de devolverme con creces el amor que siento por él, su sonrisa de medio lado cuando suspiro y como ríen sus ojos cuando sabe de antemano que le diré que lo amo. Amo su forma de ser el hombre extraordinario que es. Amo su pasado melancólico porque me permite disfrutar su alegría de hoy.
  Me siento la princesa-grumete más afortunada que océano alguno haya conocido,  porque capitanes como él no cruzan los mares con frecuencia y en la repartición de boletos a mi me dieron el número correcto.
ANOTACIONES EN LA BITÁCORA
Amo a ese hombre sin condiciones, sin dudas, sin temores, sin tal vez, sin remedio. Con un amor ATH, servicio a domicilio 24 horas, linea 1-8000 y no cerramos domingos y festivos.
Capitán... mi vida y yo, te amamos.

martes, 17 de agosto de 2010 10:27:03 a.m.
BREVE ANOTACIÓN EN LA BITÁCORA
Estos compartires me hacen amarte aún más, ensanchan mi corazón y me confirman que nuestra fragata va segura y firme hacia el horizonte que queremos traspasar.
Seguramente encontraremos, tú y yo, otros horizontes y también juntos enfilaremos la proa hacia ellos. Concretaremos nuestros sueños con más firmeza que los castillos de arena que lamerán y derruirán las olas de nuestra playa. Y al pie de estos, tú y yo, nos miraremos a los ojos y —de común acuerdo—, miraremos en la misma dirección como nos recomienda Saint-Exupery.  Esa mirada estará dirigida al frente, porque no importará qué pase ni cuánto duren las travesías, para nosotros siempre habrá un hoy y un mañana. Sólo miraremos hacia atrás, para ver la fragata en la que viajaron nuestras vidas, navío querido que se bambolea y descansa en la bahía. Luego, no miraremos ni al frente ni hacia atrás sino a nuestras almas cuando nos fundamos nuevamente en un estrecho abrazo, con mis besos saludando a tu risa, libres de vidrios que nos separen...
Te repito: no quiero estar cuatro metros más cerca de las estrellas; quiero estar a cero metros de tí.
AL MARGEN DE LA MISMA
  Así como a tí te sucede con mis amigos, me pasa lo mismo con María: ya ocupa un lugar en mi alma, simplemente porque te quiere. Amo a quienes aman a quien yo amo (rivales: ¡Abstenerse!).
Te amo, mi grum... mi Princesa. 

miércoles, 18 de agosto de 2010 06:01:58 a.m.
Amor mio: leerte, verte, abrazarte, besarte, sentirte, tocarte, oírte, amarte, quererte, pensarte, soñarte, desearte,  tenerte en mi historia... todos esos verbos hermosos adquieren todo su significado conjugados contigo y para escoger, me quedaría con todos y los no enumerados.
No quiero “excluirte” porque es un verbo que no tiene sentido con quien llena mi vida por completo.
Leyéndote, quisiera que estuvieras a mi lado como hace unas pocas horas. Siento tu ausencia física como una espina y siento tu presencia en mi alma como el mejor de los perfumes, como el más dulce y exquisito sabor en la boca, como la más suave y sedosa prenda que puede cubrir mi cuerpo. No puedo evitar extrañarte, pero con la certeza de que no será largo el tiempo, porque para estar al mismo nivel no necesitamos un lugar inalcanzable, solo el deseo de hacerlo y donde estemos, siempre estaremos más cerca de las estrellas porque serán nuestras estrellas, nuestro cielo, nuestra playa, nuestro día y nuestra noche. Te reitero que veo el horizonte a través de tus ojos, tengo mi vida enfilada en tu carril y ya no puedo concebir muchos “mañana” sin tí. Llegué al punto donde hacer castillos de arena que derrumben las olas será el mejor pasatiempo contigo, porque a los sueños realizados ya no los afecta el oleaje. Esos ya tienen cimientos de concreto fraguado.
Te amo mi adorado Capi.

No había más correos. ¿Se encontraron al fin? ¿No todo se quedó en el ciberespacio o en los discos duros de los computadores? Me lo podría confirmar el “a mi lado como hace unas pocas horas” de ella, añorando la proximidad de él. Pero mi duda persistía. Mientras comía un emparedado pues mis tripas no daban más espera, llamé a González a la División de Comunicaciones del Comando.
—Hola, González. Soy yo —saludé y a renglón seguido le pedí que me averiguara si las direcciones IP que le dicté eran privadas, de un café Internet o de dónde diablos.
Necesitaba, casi que con urgencia, definir si todo había sido una invención, un sueño o una realidad que uniría dos vidas.
Al rato me devolvió la llamada:
—Sí Capi, —siempre era así de informal— la IP 190.248.29.187 efectivamente está en servicio en hogar privado, de civil, en El Poblado, Medellín. ¡Eamaría, pues! —añadió en tono jocoso.
—¿Y la otra? —indagué impaciente.
—¡Ni p... idea! No aparecen registros.
El hecho de que no apareciera uno de los puntos de conexión a la red hacía más misterioso el asunto. Pero el que sí hubiera un lugar físico desde donde ella escribía, me daba esperanzas. Sabía que era la madriguera de ella —como ellos mismos llamaban a sus entornos—, pues era la dirección que enviaba todo a la carpeta de Recibidos del portátil.
¿Pero donde estaban?”, me preguntaba. “¿Se habrán reencontrado? ¿Estarán haciendo efímeros castillos de arena para alimentar a las olas?”.
Nunca lo supe.



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